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sábado, 15 de marzo de 2014

SECCIÓN: PUBLICACIÓN RYF ( BUENOS AIRES, ARGENTINA)

Le doy las gracias a Hector Zabala por  contar conmigo  en este Suplemento de La Revista  Realidades y Ficciones de Buenos Aires ( Argentina). 
Elegí, para este número, un tema que tuviese que ver precisamente con el nombre de la revista:  realidad y ficción. Intentando aunar ambos mundos en uno. Estuve mucho tiempo dando forma al relato, dirigiéndolo al lugar exacto, sin rozar lo grosero ni resultar demasiado evidente: el mundo fantástico de un universitario en pleno auge hormonal. 

Espero que lo disfrutéis. Os dejo el enlace a la revista y os ncluyo el relato a continuación.

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 60 – Marzo de 2014 – Año V
ISSN 2250-5385

http://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com.es/



MI MUNDO FANTÁSTICO
Tacones que derriten almas
Olga Ruiz Trinidad ©
El que esté libre de pecado que tire la primera piedra
(Juan 8:2-11 KJV)
Mi mundo fantástico, el que habito cuando quiero redescubrir quien soy realmente, se destapa el viernes tras la Universidad, al regresar a casa. Algo necesario para libertar tensiones. Un instinto primitivo de supervivencia de la especie, quizás un ejercicio práctico. Subo a mi cuarto, echo el pestillo y me tumbo en la cama. Es mi momento. Observo las musarañas mientras comienzo a relajarme. En un lapsus de tiempo de veinte minutos puede llegar a trascurrir todo, otros aseguran que con once es suficiente, en mi caso, necesito algo más. Poco a poco me sosiego, cierro los ojos y respiro profundamente. Siento el bombeo de mi corazón decelerarse, despacio, encontrando su armonía y olvidando los ritmos sincopados de mi diletante existencia. Encuentro el equilibrio –aunque para ello, tardo un rato superior a lo esperable casi siempre. Soy plenamente consciente de que esto no es un sueño, ese mundo está ahí y se extiende desde mi interior hacia el exterior buscando la fogosidad de mi mano. Huelo a sudor y testosterona. Prosigo. Floto en medio de un cielo y un infierno desde el que algunos seres extraños me abrazan y me gusta. Bajo unas escaleras bastante empinadas con riesgo de caer –ya sé que tienen veinte peldaños con un descanso central– y los seres siguen abrazándome y desnudándome, me acaloro y prosigo drogado por una especie de gas de la felicidad. No hay luz en el antro oscuro inferior pero no me importa, estoy atravesando un bosque de culpabilidades ancestrales cargado de olmos que, poco a poco, voy dejando atrás. Lentamente mis retinas se acostumbran a esa penumbra impredecible. Después oigo los cuervos lejanos, los cuervos siempre joden cualquier historia, y no sé por qué en mis momentos previos siempre hay cuervos. Luego llega el fuego purificador. Debería sentir miedo, pero no sucede así. Yo sé, por costumbre que este fuego es preámbulo del éxtasis y espero, espero… deleitándome en ese instante. El fuego quema mi pelo, mi cara, todo mi cuerpo y me deja limpio. Comienza la metamorfosis mental, comienza la definición de esta historia única e irrepetible; busco todos los estímulos de mis últimos días. Así se abre la veda: empieza la búsqueda. El cómplice de paso está ahí fuera. Puede ser ella, o él. Pueden ser dos varones o un trío de reinas a la vez. Solteras o casados. No me preocupo demasiado por la opción, sólo yo, mi, me, conmigo y mis múltiples vicios. Soy un animal en celo dispuesto a todo por saborear una nueva presa entre mis brazos. Un nuevo triunfo para mi lista. Soy capaz de todo.
Justo en ese instante, escucho la voz de mi madre increpándome nuevamente desde el piso inferior: ¡Date prisa, tengo que marcharme al trabajo! ¡Siempre lo mismo, siempre lo mismo! No tienes ni un ratito para tomarte un café conmigo. Y pienso: ¡Mierda, cállate, no me despistes, estoy concentrado! Y le contesto: Sí, ya voy, ya voy. Espera un rato.
En esos momentos, una madre es la única persona que no entra dentro de tus expectativas, –los cuervos y las madres pueden estropear cualquier historia de esta índole, repito–.
Antes de venirme abajo, vuelvo a mi mundo fantástico. Cierro lo ojos, respiro profundamente y prosigo. Una emoción fuerte. Sí. Ya me cansé de quejarme del pasado, de entristecerme por la falta de suerte, por la inercia. He hecho pactos satánicos con Cupido, ahora soy yo el que le ha robado algunas flechas, nuevas o usadas, da igual. Ahora soy yo quien apunta y dispara. Tan fuerte, que puedo, incluso, matar. Manos sueltas, pelo suelto, cuerpos sueltos, tacones que derriten almas que habitan fuera, o que no habitan; sólo se dejan llevar. Ahí están esperando, tan sumisas y tristes. ¡Pobrecitas…! Tan esclavas y necesitadas de algo por lo que suspirar el resto de la semana. Ya no me siento mal por pensar en el dolor y en el amor, ambos sentimientos se fusionan, se dan la mano, se vuelven cómplices a ratos y otras se odian. Depende de tantos factores… depende de tantas personas. Nunca hay dos amos iguales, nunca hay dos esclavos iguales. Nunca se pisan tacones que derriten almas que habitan fuera sin sentirse dentro. Así, en espiral, emocionado, con ese mi mundo fantástico, enredado en mis múltiples juegos mentales. No sueño, no, imagino, jadeo, me acelero y exploto.
Nuevamente mi progenitora desde la planta baja del chalet, insiste voceando: Bueno, yo me voy, aquí te dejo la cena, nos vemos a las diez. Por cierto acaba de llegar tu querida novia Sofía, está subiendo, te aviso.
–No, sí, digo claro, que suba, espera, bueno, no, sólo un minuto, en fin, bueno, ya estoy… ¡Leches!

3 comentarios:

  1. ¡Qué grande eres, Olga, y cómo me he reído con esta historia!
    Me devuelve a la adolescencia con todas sus pulsiones interrumpidas.
    Comparto. Besos.

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  2. Me encanta que lo hayas disfrutado. Gracias por tus palabras, tu cariño, y sobre todo... por compartirlo. ¡Tu si que eres grande y generoso!

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  3. Muito bom visitar o seu espaço cultural. Gostei muito.
    Un saludo desde Brasil: Geraldo

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